Al despertar.
Una mañana cualquiera, tan cualquiera que no era consciente de su lugar en el calendario, me hayaba entre las bajeras y la manta siendo víctima de la tecnología actual. Me salvó por un instante al romper el silencio. Quién me habría dicho a mí lo que contemplé al girar.
El sol chocaba sobre su piel tan resplandeciente que costaba verle sin fruncir el ceño, sobresalía de tanta luz un tatuaje que recorría su antebrazo, este acababa donde el cigarro y ella se consumían mutuamente. Sentada a mi lado y mirando al exterior. Así fue como vi la estampa más sexy jamás contemplada y daba igual cuánto tuviera que proteger los ojos, su figura, la figura, mi figura, es absolutamente abrumadora.
Voy a sellarte y enviarte a la vida con mi nombre aunque me cueste viajes universales.
El sol chocaba sobre su piel tan resplandeciente que costaba verle sin fruncir el ceño, sobresalía de tanta luz un tatuaje que recorría su antebrazo, este acababa donde el cigarro y ella se consumían mutuamente. Sentada a mi lado y mirando al exterior. Así fue como vi la estampa más sexy jamás contemplada y daba igual cuánto tuviera que proteger los ojos, su figura, la figura, mi figura, es absolutamente abrumadora.
Voy a sellarte y enviarte a la vida con mi nombre aunque me cueste viajes universales.
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