Bailar es enamorar hasta que te enamoras tú.
Os voy a contar la historia de una pareja que baila tantos estilos de bailes latinos como les plazca. Al bailar transmiten más que un escritor cuyo objetivo es jugar con la mente de nosotros, los lectores, o incluso que un ilusionista que consigue hacer desaparecer objetos sin explicaciones aparentes. Es inevitable pensar: "voy a apuntarme a clases, quiero ser como ellos.", y siento deciros que, es prácticamente imposible. Sí, lo sé, nada es imposible pero permitidme contaros cómo llegué a esa conclusión.
A la hora de bailar, él la protege como si de cristal estuviera hecha, le hace volar permaneciendo siempre a su vera. Ella a cambio, se entrega, consigue que el mundo exterior desaparezca y él sea vencido ante una felicidad plena que sólo ella puede otorgarle. Es fascinante como ella le mira cuando él bromea con unos ojos que ríen por ella, o como ella al menearse de un lado al otro de la sala él pierde el norte, la razón y la cordura que lo mantiene, siempre a sus espaldas como si a pesar del tiempo aún tuviera vergüenza. Por si no fuera poco, tienen un atractivo físico difícil de perdonar. Creeme que si existiese diferentes tipos de envidia, la mía sería la mala. Ese amor que sienten, no sólo el uno por el otro sino, por el baile,les invade una sonrisa que parece convertirse en una especie de juventud inmortal.
Es así como con el tiempo él se ha convertido en un padre que en ciertos contextos nunca tuve, con su disciplina, su influencia y las lecciones que en silencio me da, y no literal porque habla por los codos pero, dice más entre líneas que con lo que tanto pueda llegar a decir. Y ella, se convirtió en un ejemplo a seguir, en esa inspiración que un día de mi vida se esfumó.
Así que, si yo, queriendo ser una escritora que juegue con la imaginación de quien me lea, he conseguido transmitirles al menos unas pequeñas pinceladas, ¿os podéis imaginar lo que podéis sentir con tan sólo verles bailar?
Jacqueline Arteaga Mendoza.
Historia de hechos reales. Alumna de la academia 'Pura Salsa y Sabor'. (+info buscar dicha academia en facebook Tenerife)
A la hora de bailar, él la protege como si de cristal estuviera hecha, le hace volar permaneciendo siempre a su vera. Ella a cambio, se entrega, consigue que el mundo exterior desaparezca y él sea vencido ante una felicidad plena que sólo ella puede otorgarle. Es fascinante como ella le mira cuando él bromea con unos ojos que ríen por ella, o como ella al menearse de un lado al otro de la sala él pierde el norte, la razón y la cordura que lo mantiene, siempre a sus espaldas como si a pesar del tiempo aún tuviera vergüenza. Por si no fuera poco, tienen un atractivo físico difícil de perdonar. Creeme que si existiese diferentes tipos de envidia, la mía sería la mala. Ese amor que sienten, no sólo el uno por el otro sino, por el baile,les invade una sonrisa que parece convertirse en una especie de juventud inmortal.
Es así como con el tiempo él se ha convertido en un padre que en ciertos contextos nunca tuve, con su disciplina, su influencia y las lecciones que en silencio me da, y no literal porque habla por los codos pero, dice más entre líneas que con lo que tanto pueda llegar a decir. Y ella, se convirtió en un ejemplo a seguir, en esa inspiración que un día de mi vida se esfumó.
Así que, si yo, queriendo ser una escritora que juegue con la imaginación de quien me lea, he conseguido transmitirles al menos unas pequeñas pinceladas, ¿os podéis imaginar lo que podéis sentir con tan sólo verles bailar?
Jacqueline Arteaga Mendoza.
Historia de hechos reales. Alumna de la academia 'Pura Salsa y Sabor'. (+info buscar dicha academia en facebook Tenerife)
Comentarios
Publicar un comentario