Sacrificio
Cuando abrí los ojos, me encontraba dentro de una celda maloliente y bastante antigua,
los barrotes estaban oxidados y el techo goteaba sobre mi cabeza. Supuse que se trataba de una cueva.
Reparé en que no sentía las manos ni los pies, la sangre no circulaba por ellos - ¡claro! las esposas estaban medidas para ello -
Pronto una silueta no muy alta, diría que medía un metro con sesenta centímetros; tenía un pelo con mucho volumen que le sobresalía de un gorro que llevaba puesto y su ropa era más ancha que su cuerpo asique, no podía definir su complexión corporal.
Se sentó frente mí, fuera de la celda. Esperaba que le suplicara, que le gritara repetidamente un por qué a mí y pedir socorro en respuesta de su silencio.
No es mi actitud, siento mucho si le disgustó.
Una gota cayó en mi ojo y al volver abrirlo, ya no estaba.
Intenté recordar cómo había llegado ahí, no hay mejor forma de escapar que saber en qué situación te encuentras realmente.
No lo conseguí, pequeñas imagenes insignificantes me venían a la cabeza sin respuesta a mi búsqueda.
En ese mismo momento noté un pinchazo en mi antebrazo. El dolor me arrancó el orgullo y grité.
Sangré y cuando pude girarme a mirar, tenía en el brazo una A.
No entendía cómo apareció esa letra en mi brazo, la silueta se había marchado asique no había explicación alguna y, definitivamente, yo misma no había sido, al fin y al cabo estaba atada a una cruz.
una vez sucedido esto, la silueta misteriosa reapareció por un pasillo de mármol situado a una esquina de aquella cueva; me desmayé.
Tuve un sueño muy extraño, me repetían continuamente la razón por la que estaba allí, tenía una misión y no recordaba cual.
¿Entonces cómo es que no me dejaban moverme? Aunque sospechaba que aquella silueta actuaba sola, no podía darlo por centado.
Desperté de golpe al notar otro pinchazo a la altura del ombligo. No podía creerlo, cuando volví a mirarlo, ahí estaba, una M rajada en mi piel. Ahora el antebrazo no era lo único que me sangraba.
las gotas seguían cayendo en mi pelo, esta vez mayor cantidad, y bajaban por mi rostro. No quería que aquella silueta pensara que eran lágrimas, no lo iba a permitir; agité mi pelo con fuerza, así este dejaría de gotear.
Efectivamente, tal como había creido, la silueta volvió, esta vez no se quedó sentada mirándome, me sonrió:
- No te preocupes, si luchas todo saldrá bien -. Dijo mientras sonreía.
¿A qué coño se refería? ¿Por qué cojones tendría que luchar? Me imagino que por salir de allí, pero seguía sin tener lógica, ¿Cómo conseguiría salir de allí?
La oscura silueta se disponía abandonar la cueva:
- ¿Cómo se supone que voy a luchar aquí atada?- Dije desafiándole con la mirada. He de admitir que era muy terca y no quería parecer débil frente a ella.
- Eso queda en tus manos- Respondió, intentando evitar darme pista alguna.
No conté el tiempo que permanecí allí. Lo que conté es que tenía hambre, sin embargo, no sed con el agua que caía sobre mí.
Debilitada, dejé caer los párpados. No estaba dormida ya que, el sonido de las tripas no me permitían reconciliar el sueño.
Escuché una débil brisa, alerta, observé cada parte de la cueva, incluso las partes oscuras intentando encontrar alguna presencia y, sin esperarlo, alguien me volvió a pinchar en el pecho.
Aún haber sentido ese dolor antes, grité. No soportaba ni un pinchazo más. Me comería el orgullo con tal de evitar sufrir. Pero no pedí ayuda, me mordí el labio. No hay mejor forma de quitar el dolor con más dolor -o eso creía en su momento-.
Bajé los ojos y visualicé una O en mi pecho.
Sabía que aparecería la silueta de nuevo, asique esperé. Entró y no evité llorar:
-Si te hace daño, déjalo - Dijo.
Es decir, ¿pude haberle dicho que todo esto me hacía daño y me hubiera sacado de allí sin más?
-No, lucharé- Dije. No entendí como salieron esas palabras de mi boca. Pero me sentí satisfecha conmigo misma.
La silueta entró y me desencadenó. Se quedó de pie mirándome, esperando cualquier señal por mi parte. Me puse en pie como pude y al levantar la cabeza, me besó.
Sentí otro pinchazo en la boca, expecíficamente en los labios y sangré. Se apartó lamiéndose de los labios la sangre de mi boca:
- Es una R -. Dijo. Acto seguido, se marchó por el pasillo de mármol.
Estaba libre. Sí, estaba libre. Me dispuse a salir de la celda pero paré en seco y....
A-M-O-R. He luchado por amor.
Un desteyo de luz me cegó. Al volver a recuperar la vista, volvió a suceder: Sin saber cómo, estaba acostada en una cama, giré y vi a mi lado la criatura más hermosa que jamás había visto.
Quise saber si era un sueño pero se mantenían las cicatrices de las letras. No me importó, me recosté y abracé a, la que había sido hasta entonces, la misteriosa silueta, que esta vez pude verla con claridad, tan bella como frágil, igual que una flor de loto.
los barrotes estaban oxidados y el techo goteaba sobre mi cabeza. Supuse que se trataba de una cueva.
Reparé en que no sentía las manos ni los pies, la sangre no circulaba por ellos - ¡claro! las esposas estaban medidas para ello -
Pronto una silueta no muy alta, diría que medía un metro con sesenta centímetros; tenía un pelo con mucho volumen que le sobresalía de un gorro que llevaba puesto y su ropa era más ancha que su cuerpo asique, no podía definir su complexión corporal.
Se sentó frente mí, fuera de la celda. Esperaba que le suplicara, que le gritara repetidamente un por qué a mí y pedir socorro en respuesta de su silencio.
No es mi actitud, siento mucho si le disgustó.
Una gota cayó en mi ojo y al volver abrirlo, ya no estaba.
Intenté recordar cómo había llegado ahí, no hay mejor forma de escapar que saber en qué situación te encuentras realmente.
No lo conseguí, pequeñas imagenes insignificantes me venían a la cabeza sin respuesta a mi búsqueda.
En ese mismo momento noté un pinchazo en mi antebrazo. El dolor me arrancó el orgullo y grité.
Sangré y cuando pude girarme a mirar, tenía en el brazo una A.
No entendía cómo apareció esa letra en mi brazo, la silueta se había marchado asique no había explicación alguna y, definitivamente, yo misma no había sido, al fin y al cabo estaba atada a una cruz.
una vez sucedido esto, la silueta misteriosa reapareció por un pasillo de mármol situado a una esquina de aquella cueva; me desmayé.
Tuve un sueño muy extraño, me repetían continuamente la razón por la que estaba allí, tenía una misión y no recordaba cual.
¿Entonces cómo es que no me dejaban moverme? Aunque sospechaba que aquella silueta actuaba sola, no podía darlo por centado.
Desperté de golpe al notar otro pinchazo a la altura del ombligo. No podía creerlo, cuando volví a mirarlo, ahí estaba, una M rajada en mi piel. Ahora el antebrazo no era lo único que me sangraba.
las gotas seguían cayendo en mi pelo, esta vez mayor cantidad, y bajaban por mi rostro. No quería que aquella silueta pensara que eran lágrimas, no lo iba a permitir; agité mi pelo con fuerza, así este dejaría de gotear.
Efectivamente, tal como había creido, la silueta volvió, esta vez no se quedó sentada mirándome, me sonrió:
- No te preocupes, si luchas todo saldrá bien -. Dijo mientras sonreía.
¿A qué coño se refería? ¿Por qué cojones tendría que luchar? Me imagino que por salir de allí, pero seguía sin tener lógica, ¿Cómo conseguiría salir de allí?
La oscura silueta se disponía abandonar la cueva:
- ¿Cómo se supone que voy a luchar aquí atada?- Dije desafiándole con la mirada. He de admitir que era muy terca y no quería parecer débil frente a ella.
- Eso queda en tus manos- Respondió, intentando evitar darme pista alguna.
No conté el tiempo que permanecí allí. Lo que conté es que tenía hambre, sin embargo, no sed con el agua que caía sobre mí.
Debilitada, dejé caer los párpados. No estaba dormida ya que, el sonido de las tripas no me permitían reconciliar el sueño.
Escuché una débil brisa, alerta, observé cada parte de la cueva, incluso las partes oscuras intentando encontrar alguna presencia y, sin esperarlo, alguien me volvió a pinchar en el pecho.
Aún haber sentido ese dolor antes, grité. No soportaba ni un pinchazo más. Me comería el orgullo con tal de evitar sufrir. Pero no pedí ayuda, me mordí el labio. No hay mejor forma de quitar el dolor con más dolor -o eso creía en su momento-.
Bajé los ojos y visualicé una O en mi pecho.
Sabía que aparecería la silueta de nuevo, asique esperé. Entró y no evité llorar:
-Si te hace daño, déjalo - Dijo.
Es decir, ¿pude haberle dicho que todo esto me hacía daño y me hubiera sacado de allí sin más?
-No, lucharé- Dije. No entendí como salieron esas palabras de mi boca. Pero me sentí satisfecha conmigo misma.
La silueta entró y me desencadenó. Se quedó de pie mirándome, esperando cualquier señal por mi parte. Me puse en pie como pude y al levantar la cabeza, me besó.
Sentí otro pinchazo en la boca, expecíficamente en los labios y sangré. Se apartó lamiéndose de los labios la sangre de mi boca:
- Es una R -. Dijo. Acto seguido, se marchó por el pasillo de mármol.
Estaba libre. Sí, estaba libre. Me dispuse a salir de la celda pero paré en seco y....
A-M-O-R. He luchado por amor.
Un desteyo de luz me cegó. Al volver a recuperar la vista, volvió a suceder: Sin saber cómo, estaba acostada en una cama, giré y vi a mi lado la criatura más hermosa que jamás había visto.
Quise saber si era un sueño pero se mantenían las cicatrices de las letras. No me importó, me recosté y abracé a, la que había sido hasta entonces, la misteriosa silueta, que esta vez pude verla con claridad, tan bella como frágil, igual que una flor de loto.
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