Polo opuesto, atracción por igual.

Eres partidario de mi nombre, aquel que rompe mis estructuras; el que de, cualquier manera, me deja solo, apartado.

Mi odio se inferna en ti, porque mi existencia solo dura una noche, e incluso aveces, destruyes mi libertad. Da suerte no ser el único que comparte este sentimiento. Pero, como muchos otros, me ha tocado vivir contigo.

Muchos me aman, como a la vez me detestan. No obstante, déjame enseñarle al resto del mundo lo que dentro de mí pueden encontrar. Es cierto que si no es por ti, yo no existo; es cierto que, tal vez no tenga ritmo ni la gente baile conmigo. Aún así te diré: soy un claro ejemplo de la paz, de la calma y sabiduría, que gracias a mí muchos pueden recapacitar porque a ello les incito;  que cuando nada, más que yo, fluye en el alrededor todo se ve más gentil, anonadado, insólito. Por todo esto, te quiero. He aprendido que los polos opuestos existen porque uno de ellos nació primero.

El Amor no es él sin el Odio, la Paz no es ella sin la Guerra, el frío no es él sin el Calor y tú, querido Ruido, no eres nadie sin mí, el Silencio. Somos lo contrario del uno al otro y, aún así, vivimos compenetrados. Por eso te doy las gracias de ser tú quién mejor me entiende y de dar lugar a mi presencia.

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