Amor azul.

Cuando lo sentí y abrí los ojos, otra vez mi imagen estampada en su espejo.

Que maldita manía de oler las mañanas, levantarme al caer el sol. Las entusiastas ganas de comerme el sonido del correr de los niños, contar los coches paseando a los alrededores, imaginar ser las aves dejarse llevar por la gravedad y observar la producción humana mantener la cola quedaron en eso, en entusiastas ganas. Me levanté en ese preciso instante en el que la luna pretende ocupar el lugar del sol.

Sangraba de la ceja, derecha o izquierda, qué mas da. Las grietas del espejo me señalaban con complejo de flechas dónde me equivoqué.

Su pelo andaba oculto, pensando ahora, era algo así como el reflejo de su propia personalidad, tan cobarde como valiente según su ingenua importancia empujase.

Ese palo de billar que sujetaba debía haber sido el encargado de despertarme.

Sus ojos gritaban amor con odio, pena, sufrimiento, sufrimiento terso. Ama los villanos que investigan el primero pero el Cluedo mantiene oculto. Puta verdad, corre de la oscuridad hasta convertirse en flas. Villano es o pudo ser.

Maldigo su ingenuidad cuando esta me llevó aquí. Ese frígido punto del cual huír es nuestra respuesta y por consecuencia se vuelve tinta entre nuestras capas. Vivo siendo el bueno, ni héroe ni sacrificio, simplemente el bueno. Aquel que lleva el café a la bella durmiente y estudia para construir un ascensor a Rapunzel. Estúpido. Tras tantos cafés y tanto tiempo de estudio veo que no es princesa, ni dama que amo como creía que me amaba.

Ella ama porque ama amar. Así me limpié la ceja, con su amor azul.

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